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31.12.08

SIGNIFICADO DEL ARBOLITO DE NAVIDAD

LAS LUCES

Nos recuerdan que el Señor Jesús es la luz del mundo que ilumina nuestras vidas, sacándonos de las tinieblas del pecado y guiándonos en nuestro peregrinar hacia la Casa del Padre.

LA ESTRELLA

Al igual que en Belén hace más de dos mil años una estrella se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño Jesús, con María su Madre, causando este acontecimiento una gran alegría en los Reyes Magos (ver Mt 2, 9 – 10). Hoy una estrella corona nuestro árbol recordándonos que el acontecimiento del nacimiento de Jesús ha traído la verdadera alegría a nuestras vidas.

LOS REGALOS
Colocados a los piés del árbol simbolizan aquellos dones con los que los Reyes Magos adoraron al Niño dios. Además nos recuerdan que tanto amó Dios Padre al Mundo que le entregó (le regaló) a su único hijo para que el que crea en Él tenga vida eterna.

ABECEDARIO DE LA NAVIDAD

Abecedario para la Navidad

Agradecer a Dios el habernos regalado las personas con las que convivimos.
Buscar el bien común por encima de los intereses personales.
Dar lo mejor de uno mismo, poniéndose siempre al servicio de los otros.
Estimar a los otros sabiendo reconocer sus capacidades.
Facilitar las cosas dando soluciones y no creando más problemas.
Ganar la confianza de los otros compartiendo con ellos sus preocupaciones.
Heredar la capacidad de aquellos que saben ser sinceros con valentía y respeto.
Interceder por los otros a Dios, antes de hablarle de nuestras cosas.
Juzgar a los otros por lo que son, no por lo que tienen ni por lo que aparentan.
Limitar las ansias personales frente a las necesidades del grupo.
Llenarse con lo mejor que uno encuentra en el camino de la vida.
Mediar entre los compañeros que no se entienden.
Necesitar de los otros sin ningún prejuicio.
Olvidar el miedo al qué dirán dependiendo de la opinión de los demás.
Preocuparse por los más débiles o más necesitados.
Querer siempre el bien de las personas.
Respetar las opiniones de los demás, los derechos de las personas y de los animales.
Salir al encuentro del otro, no esperando que él dé el primer paso.
Tolerar los defectos y límites propios y ajenos con sentido del humor.
Unirnos todos para vivir en paz y armonía.
Valorarse con realismo sin creerse superior a los demás.
X es una incógnita que invita a la búsqueda constante de la verdad con mayúscula.
Yuxtaponer ilusiones y esperanzas, trabajos y esfuerzos por crear fraternidad.
Zambullirse sin miedo en el nuevo día que Dios regala cada mañana.

22.12.08

PRECIOS DISTINTOS PARA LOS EXTRANJEROS




En países comunistas ocurre con dos tipos de moneda. En cuba existe el peso normal para los nacionales, y el CUC, que es una moneda emparejada con el dólar estadounidense, y al cuál sólo tiene acceso aquellos cubanos que trabajan en el sector turístico y operan en el mercado negro.

En Corea del Norte existieron hasta 2002, varios bonos de cambio para extranjeros, que eran una serie de wons (la moneda local) de diversos colores para los turistas.

Pero, recientemente, los gobiernos de Malasia y Brunei han anunciado su intención de cobrar más cara la gasolina a los extranjeros (sin subvención).

En Sri Lanka, la legislación impositiva autoriza a doblar el precio a los extranjeros que quieran adquirir una residencia allí.

LOS PAPALAGIS 11

LA ENFERMEDAD

DEL PENSAMIENTO PROFUNDO

Cuando la palabra «espíritu» sale de la boca de un Papalagi, sus ojos se dilatan, se vuelven redondos y saltones, su pecho se hincha, respira profundamente y permanece erguido como un valiente guerrero que ha vencido a su adversario. Porque el «espíritu» es algo de lo que él está muy orgulloso. Ahora no me refiero a nuestro poderoso Gran Espíritu, al que los misioneros llaman Dios y a cuya imagen estamos todos nosotros creados, sino a ese pequeño espíritu que pertenece al individuo y que forma sus pensamientos.

Cuando estoy aquí de pie, mirando el árbol del mango detrás de la Misión, veo entonces el árbol y no el espíritu. Pero al ver que es más grande que la Misión, mi espíritu está trabajando entonces. Por eso ver no es suficiente para mí. También tengo que conocer algo. Ese reconocimiento es practicado por los Papalagi, día y noche. Su espíritu siempre se comporta como un palo de fuego cargado o el lanzamiento de una caña de pescar. Por consiguiente, él nos compadece a nosotros, las gentes de las muchas islas, porque no practicamos el conocimiento. Cree que somos estúpidos y que estamos desposeídos como los animales salvajes en el bosque.

Puede ser cierto que nunca practicamos el conocimiento o, como dicen los Papalagi, «el pensar». Pero es cuestión evidente quién es el más estúpido: el que no piensa muy a menudo o el que piensa demasiado. Mi cabaña es más pequeña que la palmera. La palmera se inclina en la tormenta. La tormenta habla con voz profunda. Esta es la forma en que piensan, a su particular modo, naturalmente. Pero también piensan sobre sí mismos: yo soy pequeño; mi corazón siempre se pone contento cuando veo a una muchacha; me divierto mucho yendo de malagal, etc...

Todo esto puede estar muy bien y ser muy bueno; incluso puede comportar toda clase de provechos a aquéllos a los que les gustan esos juegos en el interior de sus cabezas. Pero los Papalagi piensan tanto, porque para ellos el pensar se ha convertido en un hábito, una necesidad y una carencia. Tienen que continuar pensando. Sólo después de muchas dificultades logran realmente no pensar y, en vez de esto, viven de una vez con su cuerpo entero. A menudo viven únicamente con sus cabezas, mientras el resto de sus cuerpos está profundamente dormido, aunque caminen, hablen, coman y rían mientras tanto. Crear pensamientos (el fruto del pensar) le mantiene esclavizado, intoxicado por sus propias reflexiones. Cuando el sol está brillando, él piensa todo el tiempo cuán bellamente brilla. Pero cuando el sol brilla, es mejor no pensar absolutamente nada. Un hombre sabio extendería sus miembros a la cálida luz y no produciría ni un pensamiento mientras tanto. Él no absorbería únicamente el sol en su cabeza, sino también con sus manos y pies, su estómago, sus tobillos y todos sus miembros. Dejaría que su piel y sus miembros pensaran por él, pues esas partes piensan también, aunque no del mismo modo que piensa la cabeza. Pero a menudo los pensamientos se yerguen en medio del camino del Papalagi como un gran pedregón de lava que no puede hacerse a un lado. Puede tener pensamientos felices, pero no le hacen reír, ni sus pensamientos más tristes le hacen llorar. Está hambriento, pero no va a por el taro o el palusami. La mayor parte del tiempo es un hombre cuyos sentidos viven en discordia con su espíritu, un hombre dividido en dos mitades.

La vida del Papalagi es muy parecida al viaje en bote de alguien a Savii, alguien que desde el momento de zarpar está pensando: ¿cuánto tiempo me tomará llegar a Sauii? El piensa y no se da cuenta del amistoso panorama por el que está viajando. Por el lado izquierdo, percibe una cordillera. Tan pronto como la han visto sus ojos ya la ha encerrado en su mente. ¿Qué habrá detrás de esa montaña? Quizás un desfiladero estrecho y profundo. Con todos esos pensamientos no puede unirse al cantar de los jóvenes remeros. Tampoco se da cuenta del parloteo feliz de las doncellas. Inmediatamente después de pasar la bahía con sus cordilleras, un nuevo pensamiento empieza a importunarle. ¿Se levantará una tormenta, antes de la caída de la noche? Sus ojos escrutan los claros cielos en busca de nubes. Todo el tiempo pensando en la tormenta que podría venir. La tormenta no llega y al caer la noche llegan a Savii. Pero él tiene la sensación de que no ha hecho este viaje en bote, pues sus pensamientos han permanecido lejos de su cuerpo y lejos del bote. Podría perfectamente haberse quedado en su choza de Upolu. Un espíritu que es como una carga, yo lo considero un aitu, y para mí no está en absoluto claro por qué debo amarlo tanto. Los Papalagi aman al espíritu, lo adoran y alimentan con pensamientos de sus cabezas. Nunca lo matan de hambre, pero no les importa demasiado si un pensamiento devora a otro. Hablan sobre sus pensamientos con una veneración que hace que el valor de un hombre y la belleza de una doncella no valgan nada en comparación. Se comportan como si el género humano estuviera destinado a pensar tanto, como si fuera una orden del mismo Gran Espíritu. Si la palmera y la montaña pensaran, al menos no harían tanto alboroto. Y si pensasen ruidosamente e incontroladas como los Papalagi, con certeza las palmeras no producirían tan bellas hojas verdes ni frutas doradas. Por ahora sabemos que pensar nos haría viejos y feos antes de tiempo. La fruta caería antes de madurar, pero lo más probable es que ellas no piensen en absoluto.

¡Y hay tantos modos de pensar y tantos objetivos que alcanzar con nuestras flechas de pensamiento...! Es un triste destino el del pensador cuyos pensamientos le llevan demasiado lejos. ¿Qué sucederá cuando de nuevo sea mañana? ¿Qué estará planeando el Gran Espíritu para mí, cuando llegue el Salafay2? ¿Dónde estaba yo antes de que el mensajero de Tagalao3 me trajese mi Agaga4. Pensar así es tan inútil como tratar de ver con los ojos cerrados. No es posible. Y no es posible pensar en tu camino hacia el futuro o hacia el final del pasado. Aquéllos que lo intenten lo averiguarán por sí mismos. Desde los días de su juventud hasta sus años maduros, dormirán como estorninos sobre un mismo e idéntico punto. Ya nunca verán el sol, ni el vasto mar, ni las adorables muchachas, ni la felicidad, nada, nada en absoluto. Ya no podrán siquiera probar el kava; sólo mirarán fijamente el suelo. No están vivos, pero tampoco están muertos. Han sido afligidos por la enfermedad del profundo pensar.

Ellos dicen que pensar así forma un talento elevado y fuerte. Si alguien en Europa piensa rápido y mucho, dicen: es un gran talento. En vez de sentir lástima por esos grandes talentos, los alaban mucho. Los pueblos les hacen sus jefes y dondequiera que un gran talento hace su aparición, tiene que explicar sus pensamientos en público, ante una gran multitud, y todos le consideran encantador y maravilloso. Cuando un gran talento muere, el país entero se sumerge en el dolor y se alzan gemidos por aquél que les ha abandonado. Se hacen imágenes-espejo de roca y se exhiben en el mercado frente a los ojos de todo el mundo. Sí, esas cabezas de piedra se hacen mayores que el tamaño natural; así la gente las llenará de honor y se dará cuenta de la pequeñez de sus propias cabezas.

Cuando preguntes a un Papalagi por qué piensa tanto, contestará: «Porque no quiero permanecer estúpido». Un Papalagi que no piensa es considerado una valea, aunque en realidad sea mejor no pensar muy a menudo y con tranquilidad encontrar tu camino.

Pero personalmente estoy convencido de que sólo es un pretexto y que los Papalagi han tenido intenciones con sus pensamientos. Su verdadero fin es cazar los poderes del Gran Espíritu. Un fin al que dan el fantástico nombre de «investigación». Investigación significa mirar algo tan de cerca que chocas con ello, e incluso lo atraviesas con tu nariz. Este chocar y remover es un hábito repugnante y vil de los Papalagi. Ellos cogen a una escolopendra, la atraviesan con una pequeña lanza y le arrancan una pata. ¿A qué se parece esta diminuta pata separada del cuerpo? Rompe la pierna para medir su grosor. Esto es importante, muy importante. Corta un fragmento de esa pata, tan pequeño como un grano de arena, y lo pone bajo un tubo largo que tiene la magia de hacerlo todo claramente visible. Todo lo investigan con ese gran ojo de mirar-agudo: tus lágrimas, un pedazo de tu piel, un cabello, todo, todo. Todas esas cosas son recortadas hasta que ya es imposible sacar otro objeto. Aunque ese objeto haya sido reducido al tamaño más pequeño posible, entonces se vuelve extremadamente importante, porque aquí empieza el profundo conocimiento acerca del cual sólo el Gran Espíritu no permite que sus secretos sean robados. Y nunca lo hará. Nunca nadie ha logrado escalar más allá de la copa de la palmera... Siempre se tiene que volver porque ya no hay más tronco que escalar. El Gran Espíritu está también disgustado con la curiosidad de la gente y por consiguiente lo ha descubierto todo con enredaderas sin fin. Por eso todas las personas que siguen pensando, descubrirán que permanecen estúpidos y que deben dejar al Gran Espíritu las respuestas que no pueden encontrar. Los más astutos y valientes Papalagi así lo admiten. No obstante, la mayoría de aquellos pervertidos-depensamiento son imposibles de curar de sus errores y así sucede que a menudo la gente se extraña por su pensar, como un hombre corriendo en círculos a través de la selva, sin dejar huellas. Se rompen la cabeza y lo que ha sucedido realmente es que no han podido distinguir entre bestia y hombre, diciendo que los humanos son animales y que los animales son humanos.

Esta es la razón por la que es tan peligroso lanzar inmediatamente todos esos pensamientos, verdaderos o falsos, a los muchos-papeles. Están impresos, dicen los Papalagi. Eso significa que se escriben los pensamientos de mucha gente enferma, incluso con la ayuda de una máquina misteriosa con miles de manos y con la fuerza de muchos jefes. Y no una vez o dos; no, muchas veces. Muchas, muchas veces, siempre las mismas cosas. Muchas esteras cubiertas con pensamientos son apiñadas juntas en pequeños manojos. El Papalagi los llama «libros» y son enviados a todo el país. Y todo el mundo que absorbe pensamientos se contagia. Y aquellas esteras llenas de pensamientos son devoradas como plátanos dulces. En cada choza hay cajas completamente llenas de ellas, y jóvenes y viejos las mordisquean como una rata mordisquea una caña de azúcar. Por esto tan poca gente puede todavía pensar normalmente sobre las cosas de la naturaleza, como pueden todos los samoanos.

Del mismo modo, tanto pensamiento como sea posible es embutido en las cabezas de los niños. Se les fuerza a digerir cierta cantidad de esteraspensamiento cada día. Sólo los más sanos desechan de nuevo estos pensamientos inmediatamente o los dejan hundirse a través de un colador. Pero la mayoría de ellos sobrecargan sus cabezas con pensamientos de tal modo que ni un punto se deja abierto y ya jamás puede entrar un rayo de sol. A esto se le llama «educación» y es una cosa muy difundida.

Educación significa llenar la cabeza hasta el borde con conocimiento. Un hombre educado sabe lo alta que es la palmera, el peso de un coco, los nombres de todos los grandes jefes y cuántas guerras han hecho. De cada río, animal y planta sabe el nombre. Sabe todo, todo. Cuando le haces a un hombre educado una pregunta, disparará la respuesta directa hacia ti, antes de que puedas cerrar la boca. Su cabeza siempre está cargada con munición, lista para una salva. Cada europeo usa la mejor parte de su vida en transformar su cabeza en un rápido cañón de fuego. Al que trata de no cooperar lo fuerzan a hacerlo. Cada Papalagi debe saber y debe pensar.

La única forma de ayudar a aquellos pacientes del pensamiento a desechar sus ideas, es olvidando. Pero no les enseñan eso y así difícilmente nadie puede hacerlo. La mayoría de ellos llevan tantos pensamientos dentro de sus cabezas que carisan sus cuerpos y les hace débiles y marchitos antes de tiempo.

Y ahora, mis amados y no-pensantes hermanos, ¿realmente sentís la necesidad de imitar a los Papalagi y empezar a pensar como ellos? ¿Después de todas las verdades que os he contado? ¡No! Os lo digo. Porque nosotros no podemos ni debemos hacer nada que no haga a nuestro cuerpo más fuerte y a nuestros sentidos más refinados. Debemos ser cautelosos ante el que quiera robarnos los placeres de la vida, ante todo lo que oscurezca nuestro espíritu y se lleve la brillante luz, y ante todo lo que separe la mente del cuerpo. Con su modo de vida los Papalagi prueban que pensar es una peligrosa enfermedad que disminuye la valía del género humano.

(1) De viaje.

(2) El mundo subterráneo (venidero).

(3) Dios supremo de la mitología samoana. (4) El alma.


20.12.08

MEMORIAS USB




DISGO, ese es el nombre del primer modelo desarrollado por M-Systems, nació en 1998, funcionaba con baterías y almacenaba hasta 8 megas. En diez años, la memoria USB ha multiplicado su capacidad hasta llegar a 32 GB, el equivalente a 2860 disquetes. Su llegada jubiló a éstos y a los CDs, por su mayor capacidad y su resistencia a los rasguños y golpes, polvo, etc… su facilidad de uso, tamaño, velocidad de acceso a los datos, posibilidad de borrar y archivar cuántas veces se quiera…

LOS PAPALAGIS 10

LOS LOCALES PSEUDOVIDA

Y LOS MUCHO PAPELES

Ah, mis queridos hermanos del gran mar, si yo, vuestro humilde servidor, os contara exactamente todo lo que he visto en mi visita a Europa, os tendría que hablar durante horas. Mis palabras tendrían que ser como una rápida y fluida corriente, manando desde la mañana hasta la noche, y aún así la verdad no sería completa; porque la vida de los Papalagi es como el océano, cuyo principio y fin tampoco nosotros logramos descubrir. Tiene tantas olas como las grandes aguas, tempestea y se agita, se ríe y sueña. Del mismo modo que no es posible vaciar el mar con el hueco de vuestra mano, es imposible para mí llevar esa gran masa llamada Europa hasta vosotros, en el interior de mi cabeza.

Pero hay una cosa que no quiero dejar de contaros: la vida en Europa sin los locales de pseudovida y los muchos papeles es ya tan inconcebible como un mar que no tenga agua. Si vosotros les quitarais esas dos cosas, el Papalagi sería como un pez lanzado a la playa por una ola, solamente capaz de agitar sus aletas, pero no de nadar y de moverse como suele hacer.

¡Los locales de la pseudovida! No es fácil describiros un sitio semejante, esa especie de lugar que el hombre blanco llama cine; describirlo de tal modo que os dé una imagen clara. En la comunidad de cada pueblo, por toda Europa, tienen como un misterioso lugar, un lugar que casi hace soñar a los niños y llena sus cabezas de deseos ardientes.

El cine es una gran choza, mayor que la más enorme de las cabañas de un jefe de Upolu; sí, mucho, mucho más grande. Allí está oscuro, incluso durante el día, tan oscuro que nadie puede reconocer a su vecino. Cuando llegas te quedas cegado y cuando lo dejas lo estás aún más. La gente anda de puntillas en el interior, buscando, tanteando el camino a lo largo de la pared, hasta que una doncella viene con una centella de luz en su mano y les conduce a un lugar que está todavía sin ocupar. Hay allí un Papalagi estrechamente próximo a otro, sin verse los unos a los otros, en una habitación oscura del todo y llena de gente silenciosa. Los presentes se sientan en unos tablones estrechos que están frente a una peculiar pared.

De la parte más baja de la pared se levantan un zumbido y un fragor fuerte, como si emergiera de un hondo barranco, y cuando vuestros ojos se han acostumbrado ya a la oscuridad, puedes ver a un Papalagi luchando con una caja. Él golpea con sus manos, con los dedos extendidos sobre las numerosas, pequeñas lenguas blancas y negras, que gritan cuando son golpeadas, cada una con su propia voz, dando como resultado los salvajes y alborotadores ruidos de una riña de pueblo.

Una confusión así tiene que narcotizar y engañar a nuestros sentidos, de modo que creamos las cosas que veamos y no dudemos de la realidad de las cosas que están sucediendo. Justo enfrente de nosotros un haz de luz golpea la pared como si la luna llena brillara sobre ella, y en ese resplandor va apareciendo gente; gente real, que se parece y viste como un Papalagi normal. Se mueven y caminan, se ríen y saltan exactamente igual a como lo hacen por toda Europa. Es como la luna reflejándose en la laguna. Podéis ver la luna, pero en realidad no está allí. Así es como sucede con esas imágenes. La gente mueve sus labios y juraríais que están hablando, pero no puedes oír ni una sílaba. No importa cuán atentamente escuches, y esto es horrible. No puedes oír ni una palabra. Es ésa probablemente la razón por la que el Papalagi golpea en la caja como lo hace. Quiere dar la impresión de que no puedes oír a aquella gente a causa del alboroto que hace. Por eso aparecen de vez en cuando letras en la pantalla, letras que enseñan lo que el Papalagi acaba de decir o va a decir.


Pero aún esa gente son pseudogente y no son reales. Si intentarais agarrarlos, averiguaríais que están completamente hechos de luz y es imposible ponerles la mano encima. La única razón para su existencia reside en que muestran al Papalagi su propia alegría y tristeza, su necesidad y debilidad. De este modo el Papalagi puede ver de cerca a los más bellos hombres y mujeres. Pueden ser silenciosos, pero él todavía puede ver sus movimientos y la luz en sus ojos, puede imaginarse que le miran y hablan con él.

Los más poderosos jefes, que nunca podría esperar ver, se encuentran con él como si fueran iguales. Participa en cenas y fiestas, fonos y otras actividades, pareciéndole estar allí en persona, compartiendo la comida y la fiesta. Pero también ve como un Papalagi se lleva a la chica de su aiga.

O ve también cómo una chica es infiel a un joven. Ve como un hombre salvaje agarra a un alii por el cuello, lo ve presionando sus dedos profundamente en la garganta y ve los ojos del alii empezar a salirse hasta que al fin muere, y el salvaje coge el metal redondo y el papel tosco del taparrabos del hombre muerto.

Mientras sus ojos ven muchos placeres y crueldades, el Papalagi tiene que permanecer sentado muy quieto, no se le permite despreciar a la muchacha que es infiel o ir al rescate del alii rico. Pero por eso no se molesta el Papalagi; él sólo se sienta allí a mirar, complacido y gozando como si no tuviera corazón en absoluto. No se pone furioso o indignado. Lo mira como si él fuera de una especie del todo distinta. Porque los Papalagi que están sentados allí mirando están convencidos de que son mejores que aquéllos que ven en el haz de luz y que ellos nunca realizarán actos disparatados como los que allí se muestran. Sus ojos permanecen pegados a la pared, silenciosos y sin respirar, y cuando ven un corazón fuerte o una cara noble, se imaginan que es su imagen-espejo. Se sientan como congelados en sus tablones de madera, mirando fijamente a la pared uniforme donde nada está vivo, excepto el engañoso haz de luz, lanzado por un mago a través de una hendidura estrecha en la pared posterior, dando como resultado un punto en el que se puede ver mucha pseudovida.

Es para el Papalagi una gran alegría absorber esas engañosas pseudoimágenes. En la oscuridad puede participar de esa pseudovida sin avergonzarse y sin que otras personas sean capaces de ver sus ojos. El pobre puede jugar a ser rico y el rico puede jugar a ser pobre, los enfermos pueden imaginar que están sanos otra vez y los débiles, con fuerza. En la oscuridad todo el mundo puede conquistar y vivir cosas que nunca serían capaces de lograr en la vida real.

Ser absorbidos por la pseudovida ha llegado a ser una pasión para los Papalagi. Una pasión que ha crecido con tanta fuerza que a menudo se olvidan completamente de lo real. Esa pasión es una enfermedad, porque un hombre sano no querría vivir en cuartos oscurecidos, sino que desearía la vida real, cálida bajo el sol brillante. Como resultado de esa pasión muchos Papalagi están tan confundidos cuando dejan el cuarto oscuro que ya no son capaces de distinguir la vida real del sustitutivo y creen que son ricos, cuando en la vida real no poseen nada. O se imaginan que son hermosos, cuando tienen cuerpos feos, o cometen crímenes que nunca hubieran cometido en la vida real. Pero ahora cometen esos crímenes porque ya no distinguen realidad de fantasía. Todos vosotros conocéis ese estado propio de los blancos que han bebido demasiada kava europea y que imaginan entonces que están caminando sobre olas.

Los «muchos papeles» también llevan al Papalagi a un trance parecido ¿Qué quiero decir con eso de los «muchos papeles»? Tratad de imaginar una estera de «tapa», delgada, blanca y doblada, partida por la mitad y doblada de nuevo, estrechamente cubierta de escritura por todas partes, muy firmemente; así es como se ven los «muchos papeles». El Papalagi los llama periódicos.

En el interior de todos esos papeles, la sabiduría del Papalagi está escondida. Cada mañana y cada noche tiene que hundir su cabeza en ellos para rellenarla, para satisfacerla y asegurarse de que haya mucho en su interior y así pensar correctamente, del mismo modo que un caballo correrá mejor cuando lo alimentes con muchos plátanos y su cuerpo esté bien repleto. Cuando los alii están todavía dormidos en sus esteras, multitud de mensajeros están ya atravesando la tierra para distribuir los «muchos papeles». Es la primera cosa que él coge cuando se ha desprendido del sueño. Sumerge los ojos en las cosas contadas por los «muchos papeles» y lee. Todos los Papalagi hacen eso, todos ellos leen... Leen lo que los grandes jefes y oradores de Europa han dicho durante sus fonos. Todo esto está cuidadosamente anotado en esteras, incluso cuando es una tontería. Los taparrabos que llevan son también descritos, incluso la comida ingerida por los alii; los nombres de sus caballos y si tienen pensamientos débiles o elefantiásicos.

Las cosas que allí cuentan sonarían en nuestro país a algo así: «El pule nuu2 de Matautu se levantó esta mañana después de dormir bien toda la noche. Empezó el día comiendo el taro que había dejado el día anterior; después de eso fue a pescar y volvió a su cabaña por la tarde; allí se tumbó en su estera y recitó y cantó la Biblia hasta la caída de la noche. Su mujer, Sina, primero amamantó a su niño, después tomó un baño y, camino de su casa, se encontró una bonita púa-flor que colocó en su cabello; entonces continuó el camino a casa...» Etc.

Todo lo que sucede y ocurre, las cosas que la gente hace y deja de hacer, se hace público. Sus buenos y malos pensamientos, si matan un pollo o un cerdo, si construyen una canoa. Nada sucede en el país sin que sea inmediatamente repetido por los «muchos papeles». El Papalagi llama a eso «estar bien informado». Quieren saber todo, absolutamente todo, lo que sucede en su país. Del amanecer al ocaso. Se ponen furiosos cuando algo escapa a su atención. Ellos todo lo absorben, aun cuando se mencionen toda clase de cosas nauseabundas y espantosas, cosas que es mejor que sean pronto olvidadas para conservar la mente sana. Precisamente esas escenas horribles, en las cuales la gente se hiere, son reproducidas más exactamente y con mayor detalle que las escenas agradables, como si no fuera mejor y más importante relatar las cosas buenas y no las malas.

En cuanto lees el papel, no tienes que ir a Apolina, Manono o Savaii para saber lo que tus amigos están haciendo, qué están pensando y a qué fiestas han asistido. Él puede permanecer en su estera tranquilamente y los papeles se lo contarán todo. Esto puede parecer muy agradable y fácil, pero no es así en la realidad: cuando luego te encuentras a tu hermano y ambos habéis metido vuestras cabezas en los «muchos papeles», ya no tenéis nada nuevo o interesante que contaros el uno al otro, puesto que vuestras cabezas contienen ahora las mismas cosas. Por eso ambos estaréis silenciosos o repetiréis las cosas que el papel acaba de contaros. Será siempre más grande estar allí en persona, compartiendo las alegrías del banquete y el dolor del fracaso, que tener que saberlo a través de las palabras de un total desconocido. Pero el mayor mal que los papeles hacen en nuestras mentes no reside en sus relatos, sino en sus opiniones; opiniones sobre los jefes, sobre los jefes de otros países, y sobre el hacer de la gente y qué es lo que sucede. Los papeles tratan de modelar cada cabeza a una forma, y esto se opone a mis creencias y a mi mente. Quieren que todo el mundo comparta su cabeza y sus pensamientos y saben cómo llevar eso a cabo. Cuando habéis leído los papeles por la mañana, entonces sabéis exactamente lo que cada Papalagi lleva en su cabeza por la tarde y qué es lo que está pensando.

El papel es también una especie de máquina, fabricando cada día muchos pensamientos, muchos más de los que una cabeza normal puede producir. Pero la mayor parte del tiempo hace pensamientos débiles, carentes de dignidad y fuerza. Llenan nuestras cabezas con arena. Los Papalagi llenan sus cabezas hasta el borde con tan inútil papel comida. Incluso antes de que él haya tirado el viejo, ya está leyendo el siguiente. Su cabeza es como un mangle de pantano, sofocándose en su propio barro, donde nada fresco y verde crece, y sólo se levantan humos sulfurosos y los mosquitos punzantes zumban en círculos sobre la cabeza.

Los locales de pseudovida y los «muchospapeles» han convertido al Papalagi en lo que es ahora: un débil y perdido ser humano, que ama lo irreal porque ya no puede distinguir entre fantasía y realidad, que piensa que el reflejo de la luna es la misma luna y que los papeles prietamente impresos son la vida misma.

(1) Enfermedad de los músculos que hincha anormalmente algunas partes del cuerpo.

(2) Juez.




19.12.08

TRANSFUSIONES DE SANGRE


La intentaron los egipcios, aztecas y romanos, hasta que en abril de 1914, un médico belga, Albert Hustin, y otro argentino, Luis Agote, lograron desarrollar simultáneamente un método para que la sangre no se coagulara. Se conocían algunos tratamientos, pero la volvían tóxica. El remedio salvavidas consistió en mezclarla con nitrato de sodio y con una solución salina. Hoy, la transfusión es un procedimiento médico cotidiano; cada año se transfunden 38 millones de litros de sangre.

LOS PAPALAGIS 9

PROFESIONES DE LOS PAPALGI

Y LAS CONFUSIONES QUE DE ELLAS RESULTA


Cada Papalagi tiene una profesión. Es difícil decir exactamente lo que esto significa. Es algo para lo que se debe tener un gran apetito, pero parece ser que la mayor parte del tiempo falta. Tener la profesión significa hacer siempre las mismas cosas. Hacerlas tan a menudo que incluso podrías hacerlas con los ojos cerrados y sin esfuerzo alguno. Si mis manos no hicieran nada más que construir cabañas o tejer esteras, entonces mi profesión sería la de constructor de cabañas o tejedor de esteras.

Hay profesiones masculinas y femeninas. Lavar taparrabos en la laguna y abrillantar las pieles de los pies son profesiones femeninas; navegar en un barco por el mar y disparar a los pichones en el bosque son profesiones masculinas. Las mujeres generalmente abandonan sus profesiones cuando se casan, pero es realmente entonces cuando el hombre emprende la suya. Un alii otorga sólo su hija a un pretendiente que esté preparado para su profesión. Es norma que todo hombre blanco tenga su profesión.

Es por ello por lo que cada Papalagi tiene que escoger una profesión para el resto de su vida, al mismo tiempo que se le aplican sus tatuajes de pubertad. Ésta es una ocasión muy importante y una aiga le dedica tanto tiempo como a qué comer el día siguiente. Si por ejemplo escoge la profesión de tejedor de esteras, un alii lleva al chico a un hombre que no hace otra cosa que tejer esteras. Este hombre debe mostrar al muchacho cómo tejer esteras, enseñarle a tejer esa estera del mismo modo que él lo hace, sin mirar. A menudo el aprendizaje toma largo tiempo, pero cuan do lo domina deja al hombre y la gente dice que ya sabe un oficio.


El Papalagi tiene tantas profesiones como piedras hay en la laguna. Todo lo que hace lo convierte en una profesión. Cuando alguien recolecta las hojas del árbol, ejerce una profesión. Cuando alguien lava los cuencos de la comida, ejerce una profesión. Todo lo que hacen, con sus manos o con sus cabezas, lo llaman profesión. Es también una profesión el tener pensamiento y el mirar a las estrellas. Realmente no hay nada que un hombre pueda hacer que no sea convertido en profesión por los Papalagi.

Si un hombre dice que él es un tussi-tussil, entonces eso es ya una profesión. No hace nada más que escribir una carta tras otra. Él no cuelga su estera de dormir de las vigas del techo. No va a su choza-cocina para freírse él mismo algunas frutas y no se limpia sus utensilios de comer. Come pescado, pero nunca sale a pescárselo. Come fruta, pero nunca la arranca él mismo del árbol. Sin embargo, escribe una carta tras otra, porque resulta que su trabajo es el de tussi-tussi. Todas estas acciones son profesiones: llevar los utensilios de comer, coger peces y recoger fruta. Y sólo aquellos que ostentan esa profesión están cualificados para ejercerla.

Resulta que los Papalagi pueden únicamente hacer su propio trabajo y ni siquiera el jefe, que posee mucha sabiduría en su cabeza y fuerza en sus brazos, puede subir su envuelve-cama de las vigas ni lavar él mismo los utensilios de comer. Y ocurre también que el hombre que puede escribir una fantástica tussi no es necesariamente capaz de navegar en una canoa, y viceversa. Tener una profesión significa sólo andar, sólo degustar, sólo oler, sólo luchar; siempre conocer una sola cosa.

Ese saber-sólo-una-cosa es un grave peligro y una imitación, porque puede llegar un tiempo en que nadie sea capaz de remar una canoa a través de la laguna.

El Gran Espíritu nos ha dado manos para coger los frutos de los árboles, o para arrancar las raíces de taro de la ciénaga. Las hemos recibido para defender nuestros cuerpos contra nuestros enemigos y para darnos placer cuando tocamos, bailamos o en otros alborozos. Pero no las obtuvimos solamente para desgajar fruta de los árboles o para desenterrar raíces. Ellas deben ser nuestros criados y nuestros soldados todo el tiempo.


Pero los Papalagi no lo entienden. Nosotros podemos ver claramente que su modo de vida es equivocado y que está en claro desacuerdo con los deseos del Gran Espíritu, porque hay gente blanca que ya no puede caminar y que acumula grasa en la parte más baja de sus ancas, como los cerdos. Viéndose forzados por su profesión a estar sentados todo el tiempo, no pueden ya levantar ni tirar una lanza, porque sus manos pueden únicamente sostener el hueso-que-escribe y ellos están siempre sentados en la sombra, escribiendo tussi. Han llegado a ser incapaces de domar ponis salvajes, porque siempre están mirando a las estrellas o desentrañando sus propios sentimientos.

Sólo uno pocos Papalagi pueden todavía correr y saltar como niños, después de haber crecido. Cuando caminan arrastran los pies y se mueven como si continuamente estuviesen cargados. Niegan y ocultan su debilidad diciendo que correr, retozar y saltar está por debajo de la dignidad de un hombre con orgullo. Pero esto es hipocresía; como sus huesos se han endurecido y se han vuelto quebradizos, la felicidad ha abandonado sus músculos, porque están condenados a muerte por su trabajo. La profesión también es un aitu que destruye la vida; un aitu que murmura promesas dulces a los oídos de la gente y al mismo tiempo les chupa la sangre de sus cuerpos.

Las profesiones también hieren a los Papalagi en otro sentido y cada vez se distinguen más y más como aitus.

Por ejemplo, es grande construir una cabaña, cortar los árboles y convertirlos en tablones, levantar las maderas, cubrirlas con el tejado y, finalmente, cuando los tablones y las vigas del techo están fuertemente atadas unas a otras con fibras de coco, cubrirlo todo con hojas secas y cañas de azúcar. No tengo que deciros que es una gran alegría cuando un pueblo construye una nueva cabaña para su jefe, compartiendo la alegría también mujeres y niños.

Pero, ¿y si solamente se permitiese a unos pocos de nosotros ir al bosque a talar los árboles y a cortarlos en tablones? ¿Y si a aquéllos pocos se les prohibiera asistir al levantamiento de las maderas, porque su trabajo sólo es derribar árboles y cortar tablones? ¿Y si a la otra gente que ha levantado las maderas no se le permitiera asistir al entramado del techo porque su trabajo es sólo de instalador de maderas? ¿Y si a los hombres que han tejido los tejados no se les permitiera asistir a la colocación de las cañas de azúcar, porque tejedor de esteras es su profesión? ¿Y si a ninguno de ellos se les permitiera recoger de la playa los guijarros usados para el endurecimiento del suelo, porque ese sería el trabajo de aquellos cuya profesión es recolector de guijarros? ¿Y si sólo aquéllos que van a habitar la casa tomaran parte en las festividades de inauguración y todos los que han ayudado a construirla, no?

Os reís y con certeza diréis: si no se nos permitiera ayudar en todas las cosas que requieren nuestra fuerza masculina, la mitad de la diversión se habría ido; media diversión no ¡toda la diversión! Y él, que nos esperaba para usar nuestras manos para un único propósito, nos esperaba para hacer como si todos esos que han ayudado a construirla, no?

Os reís y con certeza diréis: si no se nos permitiera ayudar en todas las cosas que requieren nuestra fuerza masculina, la mitad de la diversión se habría ido; media diversión no, ¡toda la diversión! Y él, que nos esperaba para usar nuestras manos para un único propósito, nos esperaría para hacer como si todos nuestros miembros y nuestros sentidos estuvieran paralizados o muertos.

Ésta es la razón de la amargura de los Papalagi. Algunas veces es estupendo ir a buscar el agua de la ría, puede ser incluso agradable hacerlo un par de veces. Pero si debes transportar el agua de la salida a la puesta del sol, día tras día, cada hora hasta que falla tu fuerza, trayendo y trayendo, al final tirarás tu cubo con ira, amargado por la esclavitud de tu cuerpo. Porque no hay nada tan duro para un hombre como hacer la misma cosa una y otra vez.

Pero hay Papalagi para los que ir a buscar agua de pozo día tras día sería un motivo de alegría; hay unos que no hacen otra cosa que levantar sus manos y dejarlas caer otra vez, o llevar un palo, y tienen que hacer eso en un lugar mugriento donde ni siquiera el sol ni el aire fresco pueden penetrar, y ellos no hacen nada que requiera su fuerza o les reporte felicidad. Considerando la forma de pensar de los Papalagi, levantar tu mano y empuñar bastones es muy importante, porque quizás de ese modo pones la máquina en marcha o le das órdenes; ponla en marcha y así hace aros de yeso y escudos para el pecho, fabrica pantalones-vaina o algo parecido. Hay más gente en Europa con el rostro gris ceniza que árboles hay en nuestras islas. Porque no obtienen ningún placer de su trabajo, porque su trabajo se come toda su alegría y porque nunca hacen nada por su propio gusto, ni siquiera una hoja, no importa cuánto tiempo trabajen. Por eso un odio latente anida en el interior de la gente con profesión. Algo vive reprimido dentro de sus corazones, como un animal encadenado, rebelándose pero todavía incapaz de liberarse. Llenos de odio y envidia miran y comparan los trabajos de los otros entre sí. La gente habla sobre trabajos de clase más baja y más alta, aunque todos los oficios fuerzan a la gente a hacer sólo medio trabajo. Un ser humano no es sólo una mano, un pie, o una pierna, sino que es todo junto... Únicamente cuando todos los sentidos y todos los miembros trabajan juntos, puede el corazón de un hombre ser feliz y estar saludable, y no cuando se permite vivir únicamente a una parte y el resto de él tiene que hacerse el muerto. Esto engendra gente enferma y desesperada.

Los Papalagi viven en confusión con sus profesiones. Ellos no se dan cuenta de eso y en caso de que me oyeran hablar de este modo, seguramente me llamarían loco, porque yo habría juzgado sin haber tenido una profesión o haber trabajado un solo día como trabaja un europeo.

Pero esos Papalagi nunca han sido capaces de explicarnos o hacernos entender por qué debemos hacer más trabajo del que Dios nos pide para satisfacer nuestra hambre y proporcionarnos un tejado sobre nuestras cabezas, y para el disfrute de una fiesta y sus preparativos en la plaza del pueblo. Nuestras ocupaciones pueden parecer diminutas y carentes de las habilidades de un oficio, pero cada hombre de verdad y hermano de la isla hace su trabajo alegremente, y nunca con tristeza. Para eso preferiría no trabajar en absoluto. Esto es lo que nos distingue de los Papalagi. El hombre blanco suspira cuando habla sobre su trabajo, como si estuviera siendo aplastado por su peso; sin embargo nuestros jóvenes caminan a los campos de taro cantando, y con una canción lavan las doncellas los taparrabos en el rápido arroyo. Con certeza el Gran Espíritu no nos desea con cabellos grises como resultado de algún trabajo, ni nos quiere arrastrándonos como una babosa de mar en la laguna, o como un sapo en la tierra. Nos quiere haciendo nuestras cosas orgullosos y erguidos, y que seamos gente de ojos felices y miembros flexibles. Siempre.

(1) Escritor de cartas (tussi = carta).




18.12.08

CARA NUEVA

Trasplantada el 80 por ciento de su cara. Única vez en la historia... no una, sino tres imágenes...



La mujer no pudo soportarlo más. La señalaban en la calle. Los chicos
se asustaban al verla. Y terminó recluyéndose en su casa para no
enfrentar la mirada de los otros. Hasta que se abrió una posibilidad:
hace dos semanas le practicaron un trasplante casi completo de cara y
ahora espera volver a iniciar una vida más normal.

Aunque no
quiso que se dieran a conocer su identidad ni su edad, la mujer pasó a
ser la primera receptora de un trasplante de ese tipo en los Estados
Unidos. Es el más completo y complejo entre los cuatro que ya se han
realizado en el mundo, según informó ayer la Cleveland Clinic, en
Milwaukee, en los Estados Unidos, donde se realizó la operación.

Un
equipo, liderado por la cirujana Maria Siemionow, le reemplazó a la
mujer el 80 por ciento de su cara: sólo le quedan sus propios párpados,
la frente, el labio inferior y el mentón. El resto perteneció a otra
persona que había fallecido.

Ayer, la hermana de la mujer que
recibió el trasplante le agradeció el gesto solidario a la donante y a
su familia través de un comunicado a la prensa: "Nunca pensamos (...)
que nuestra hermana tuviera la oportunidad de tener una vida normal
otra vez, después del trauma que ella soportó. Pero gracias a la
maravillosa persona que donó sus órganos para ayudar a otro ser humano,
ella tiene la chance de llevar una vida normal". También le
agradecieron al equipo de cirujanos por la gran compasión que tuvieron
con la mujer operada.

"Me parece muy importante que se haya
logrado otro caso exitoso de trasplante de cara, después de los
realizados en Francia y en China", dijo ayer a Clarín el cirujano
argentino Fortunato Benaim, que se ha dedicado a desarrollar técnicas
reparadoras para quemados.

"Los trasplantes faciales son
diferentes a los trasplantes de corazón o de hígado, que se practican
porque está en juego la vida del paciente", comentó el médico. "En
cambio, los trasplantes de cara no son cirugías de vida o muerte.
Existen otras operaciones cuyos resultados no son tan excelentes desde
el punto de vista estético. Por eso, la decisión del trasplante debe
ser del paciente". El reemplazo de la cara a partir de un donante
cadavérico no es tan sencillo para los trasplantados.

"Como
ocurre con los otros trasplantes, se condena a los pacientes a vivir
con pocas defensas, ya que deben recibir tratamientos inmunosupresores
por el resto de su vida para que el cuerpo no rechace los órganos o los
tejidos recibidos", advirtió Benaim.

La mujer que fue
trasplantada en los Estados Unidos tenía cortada su vida social. Había
sufrido un trauma severo (no se reveló la causa específica) y había
perdido su nariz y el paladar. Tampoco era capaz de alimentarse ni de
respirar por su cuenta, según contaron los cirujanos, quienes esperan
que en poco tiempo la mujer pueda volver a comer, a hablar y a respirar
normalmente.

La cirujana que estuvo al mando del trasplante
durante 22 horas se preparó con todo para devolverle calidad de vida a
la paciente. En la clínica donde hizo la cirugía habían aprobado un
protocolo de trasplante en 2004, pero recién ahora hicieron la
operación. "Encontrar tanto candidato como donante adecuados es
difícil. Se necesita coincidencia en el género, raza, edad aproximada y
tipo de sangre. Incluso cuando la coincidencia se encuentra, la familia
del donante debe aceptar la donación de la cara, que es imposible si
planean hacer un velatorio a cajón abierto", explicó Siemionow.

Por
ahora, el trasplante con 500 centímetros cuadrados de tejidos marcha
bien. Aunque los cirujanos tienen en mente un plan B: si llegara a
producirse un rechazo, lo reemplazarían con un injerto de piel de otras
partes del cuerpo de la paciente. ¿Y qué puede esperar ella a partir de
ahora? Durante un par de meses tendrá una hinchazón en su nueva cara.
Dentro de seis meses, tendría sensibilidad. Cuando se mire en el
espejo, no verá la misma cara que tenía la donante. "Aunque algunos
huesos fueron transferidos, la estructura facial subyacente entre dos
personas es distinta", aclararon los cirujanos estadounidenses.

Jorge
Raúl Patané, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos
Aires, sostuvo: "Este nuevo tipo de trasplante se encuentra en una
etapa preliminar. Esperemos que en los próximos cinco años se demuestre
que, efectivamente, funciona bien y que los pacientes los incorporan
psicológicamente a sus vidas. No debe ser fácil verse con una cara
diferente".

ETAPAS NOCTURNAS

Un toque de humor para hoy...

ETAPA PREVIA (indispensable):
- La verdad es que no tengo muchas ganas de juerga hoy. Una copita, y me
voy pa casa...

ETAPA 1:
- Un trago leve en un vaso pequeño (hay que engañarse).

ETAPA 2:
- UN TRAGO TRAS OTRO EN VASO LARGO:

2.1 Fusión de la sangre con el alcohol.

ETAPA 3:
- EXALTACIÓN DE LA AMISTAD:

3.1 - Mutuas gracias y virtudes (eres un cachondo,
qué buen@ estás...)
3.2 - Te quiero como a un herman@...
3.3 - Antes me caías mal, pero ahora...
3.4 - Eres un tí@ de puta madre...

ETAPA 4:
- CANTOS ALEGÓRICOS Y BAILES REGIONALES.

ETAPA 5:
- LAS VERDADES Y LOS ME CAES BIEN.

ETAPA 6:
- AUMENTO DE LA TEMPERATURA Y ACOSO SEXUAL:

6.1 Auto presentación con desconocidos
6.2 Llamadas reveladoras a l@s ex: 'No puedo dejar
de pensar en ti'
6.3 Miradas de acoso a todas las chatis del lugar.
6.4. 'Manos largas' (o sea, cierta tendencia a
volverse 'pulpo').
6.5. Repentino impulso por darse 'un piquito' con
todo lo que se mueve por los alrededores.
6.6. Obsesión superior a la normal por las
conversaciones de sexo.
6.7. Mítico 'Hoy mos la xupan fijo' tantas veces
repetido.
6.8. Sensación 'Follarín de los bosques'.

ETAPA 7:
- REVELACIÓN DE LA VERDADERA PERSONALIDAD:

7.1 El chistoso (normalmente, con chistes ya
contados unas 500.000 veces)
7.2 El superdotado (en cualquier aspecto q se pueda
imaginar)
7.3 El políglota ( o destrozador de diversos
idiomas...)
7.4 El corriente (la minoría, por desgracia)
7.5 El viajero ('pos cuando yo estuve en....')
7.6 El oprimido (por familia, sociedad, jefes, etc…)
7.7. El incomprendido ('mi mujer no me entiende, y
bla, bla.bla....)

ETAPA 8:
- DEGRADACIÓN DEL IDIOMA:

8.1 Sadud pod da amiztá
8.2 Pazamé eza coppa
8.3 Addiba, abajo, ad centro y padentro....
8.4 Caxoooorraaaa!

ETAPA 9:
- Vituperios en contra del Clero y el Estado (y otros 'poderes fácticos')

ETAPA 10:
- AUTOSUFICIENCIA MORAL Y ECONÓMICA:
10.1. Estoy de puta madre
10.2. Yo pago
10.3. Yo conduzco
10.4. Tengo un punto buenísimo
10.5. Llevo la porra que parto almendras n lo arto
un flan

ETAPA 11:
- DESPLAZAMIENTO O TRANSMISIÓN DE LA CULPABILIDAD:
11.1. Es culpa del puto garrafón ese (qué curioso,
SIEMPRE te han dado el garrafón a la 6ª copa o así, nunca en la primera)
11.2. Es el hielo, algo raro tenía…
11.3. Que me pusisteis en la copa, cabrones…
11.4. Coño, es que estoy tomando antibióticos y no
me acordaba…
11.5. Si es que tenía que haber cenado, que sin
comer no se puede beber...

ETAPA 12.
- REPENTINA PÉRDIDA DEL EQUILIBRIO
12.1. ¿Quién coño habrá puesto esa columna ahí, me
cago en la leche?
12.2. Vaya mierda de acera, la culpa d los
arquitectos q ahorran n losas.

ETAPA 13.
- DESTRUCCION DEL INMUEBLE
13.1. Vaya, hombre, se han caído 4 copas...
13.2. Diossss, yo quiero esa señal d tráfico pal
piso.

ETAPA 14:
- DIFÍCIL DESALOJO DEL INMUEBLE
14.1 Yo no me quiero ir, este lugar si yo quiero lo
compro.
14.2. ¡Si es temprano!
14.3. Que no, que no, que yo estoy muy bien...
14.4. Otra copita y nos vamos...
14.5: ¿Pero por qué coño han quitado la música?.

ETAPA 15:
- TAQUICARDIA Y DELIRIO DE PERSECUCION

ETAPA 16:
- AMNESIA, CRUDA REALIDAD Y JURAMENTOS POSTERIORES:
16.1 ¿Que me besé con quién?
16.2 ¿Que me acosté con quién?
16.3 ¿En serio? no me acuerdo de nada......
16.4. Tengo un agujero negro en mi vida....
16.5 ¿Pero estaba ahí ese tí@?
16.6. ¿De verdad tenía bigote y tenía la cara hecha
a pelotazos?

ETAPA 17:
- RECUENTO DE LOS DAÑOS:
17.1 ¿Y mi móvil?
17.2 ¿Quién me quemó la chaqueta con un cigarrillo?
17.3 ¿Y esta ostia?
17.4 ¿Y las llaves?
17.5. ¿Cómo he llegado a casa?
17.6. Me han robado el bolso, o la chaqueta, o .....
17.7. Joder, qué dolor de cabeza... Y la más grave:
17.8: ¿QUIÉN COÑO ES ESTE TI@ QUE ESTÁ EN MI CAMA?
y aun más grave:
17.9. ¿Q coño hago yo con un condón n l culo?


ETAPA 18.
- NO VUELVO A BEBER... (CLÁSICO)
Con su variante:
18.1. 'Ya no salgo más'

EL KARAOKE




Si su inventor hubiera cobrado royalties, a éstas alturas habría ganado 150 millones de dólares, pero Daisuke Ionue es un romántico de la música y nunca pensó que el karaoke fuera a alcanzar tanto éxito.

Decía que su propósito era alquilar 200 aparatos a otros tantos locales de Kobe (al lado de Osaka, Japón), y ganarse la vida mientras tocaba la batería y el piano con su banda musical. Hoy, además de servir para romper el hielo en reuniones, también se usa como complemento para aprender idiomas, y en los hospitales, incluso para curar la depresión.

LOS PAPALAGIS 8

EL GRAN ESPIRITU ES MAS FUERTE QUE LAS MAQUINAS

Los Papalagi hacen muchas cosas que nosotros no podemos hacer, ni seremos capaces de hacer nunca, cosas que no comprendemos y que no tienen significado de cosa para nuestras cabezas, sólo pesadas píedras. Cosas que (ampoco queremos en absoluto poseer, pero que todavía son admiradas por los que son débiles entre nosotros, dándoles sentimientos de inferioridad fuera de lugar. Es por esto por lo que queremos tener una discusión abierta sobre los asombrosos trucos del Papalagi.

Los Papalagi tienen el talento de cambiarlo todo en su lanza o en su garrote. Toman el relámpago salvaje, el fuego ardiente y las aguas rápidas, y los hacen someterse a su voluntad. Los encierran y les dan órdenes. Y éstos les obedecen. Se convierten en fuertes guerreros para ellos. Los Papalagi son capaces de hacer al salvaje relámpago más rápido aún y más luminoso, al ardiente fuego aún más radiante y al agua aún más rápida de lo que ya era.

Realmente los Papalagi parecen ser los «quebrantadores de los cielos»1, los mensajeros de los Dioses, a causa de su dominio sobre la tierra y el cielo.

El Papalagi es como un pez, un pájaro, un gusano y un caballo al mismo tiempo. Perfora la tierra y a través del suelo cava túneles bajo los más anchos arroyos de agua fresca. Repta por las montañas y rocas, ata cuerdas de hierro a sus pies y corre veloz, más rápido que el más rápido caballo. Se mueve en el aire, ¡puede volar! Le he visto deslizarse a través del aire como una gaviota de mar. Tiene una gran canoa para encima del agua y otra también para debajo. Hace surcar su canoa de nube en nube.

¡Amados hermanos! Las palabras que digo son la verdad y debéis creer a vuestro servidor, aun cuando vuestro sentido común os haga dudar de todo cuanto acabo de explicar. Porque las cosas de los Papalagi son muy grandes e impresionantes y tengo miedo de que muchos de los nuestros queden impresionados ante tanto poder. ¿Y, por dónde empezar si tuviera que contaros lo que mis ojos asombrados han observado?

Todos vosotros conocéis la gran canoa que es llamada vapor por el hombre blanco. ¿No se parece acaso a un gigantesco pez? ¿Cómo le es posible hacer la travesía de una isla a otra más rápido que el remo de nuestros jóvenes más fuertes? ¿Habéis visto ya su enorme aleta trasera cuando zarpa? Se mueve del mismo modo que en la laguna se mueve la cola de un pez y esa aleta impulsa a la canoa. Este es el gran secreto de los Papalagi. El secreto descansa en la barriga del gran pez. Allí se sienta la máquina que nutre de poder a la aleta. Y en la máquina ese gran poder está escondido.

Mi cabeza no es lo suficientemente fuerte para explicaron qué es una máquina: lo único que sé es que come piedras negras y que a cambio da poder, un poder tan grande como imposible es para un hombre tenerlo.

La máquina es el garrote más pesado que el hombre blanco tiene. Alimentadla con el más pesado árbol ifi del bosque y la máquina lo reducirá a pedazos, como una mujer golpeando taro para que sus niños coman. La máquina es el mago más grande de Europa. Su mano es fuerte y nunca se fatiga. Si se la impulsa puede cortar cien canoas, no, mil canoas en un día. La he visto tejer taparrabos tan finos y delicados como si estuvieran tejidos por las manos airosas de una doncella. Tejía desde la mañana hasta la noche, escupiendo taparrabos, ¡una pila entera! Nuestra fuerza no vale nada comparada con el poder de la máquina.

Los Papalagi son magos. Cantad una canción para ellos y la cogerán e incluso os la devolverán en el momento que queráis. Ponen un trozo de cristal frente a vosotros y capturan vuestra imagen en él. Y miles de veces se puede quitar de allí vuestra imagen falsificada, tantas como queráis.

He visto aún milagros más grandes. Os conté que los Papalagi cogen el relámpago del cielo; esto es verdad. Lo cogen, la máquina se lo come y lo escupe otra vez por la noche, en forma de miles de pequeñas estrellas, luciérnagas, lunas pequeñas. Poca cosa sería para los Papalagi bañar nuestra isla de luz por la noche, así no sería mucho más oscuro que durante el día. A menudo mandan también estos destellos de luz en su propio servicio, les dicen dónde ir y los tienen llevando mensajes a sus hermanos en el extranjero. Y estos destellos de relámpago les obedecen y llevan el mensaje.


El Papalagi ha hecho todos sus miembros más fuertes. Sus manos se extienden hasta la lejana costa del mar y a las estrellas, y sus pies dejan atrás al viento y a las olas. Sus oídos oyen cada murmullo en Siavii y su voz tiene alas como un pájaro. Sus ojos ven hasta en la oscuridad. Mira en el interior de sí mismo como si su carne fuera transparente como el agua, capaz de ver cada manchita en el fondo.

Todas las cosas de las que he sido testigo y que os estoy contando ahora, son sólo una pequeña parte de las que mis ojos han observado. Y dejadme deciros que los blancos se enorgullecen de trabajar todo el tiempo en milagros más suaves y poderosos, y gran número de ellos permanecen en pie toda la noche para encontrar más formas de burlar a Dios. Porque resulta que quieren vencer al Gran Espíritu y tomar posesión de sus poderes ellos mismos. Los Papalagi retan a Dios. Pero Dios es todavía más fuerte que los Papalagi, incluida su máquina más experta, y es todavía Dios el que decide quién muere y cuándo. El sol, el agua y el fuego obedecen aún primero a Dios. Y el hombre blanco no ha conseguido todavía regular la salida de la luna o la dirección del viento.

Ésta es la razón por la que esos milagros no son tan importantes. Y, mis amados hermanos, a aquellos habitantes de la isla que permiten ser deslumbrados por los milagros del hombre blanco, a aquéllos que rezan a los blancos a causa de sus acciones y a aquéllos que se llaman a sí mismos pobres e indignos porque sus mentes y sus manos no son capaces de hacer cosas como las suyas, a todos ésos yo les llamo débiles. Las artes y magias de los Papalagi pueden provocar mucha admiración ante nuestros ojos, pero cuando las ves a la luz brillante del día, no significan mucho más que tejer una estera o hacer un garrote; todo nuestro trabajo es como el juego de los niños en la arena. Porque nada de lo que el hombre blanco ha hecho puede hallar comparación con el trabajo del Gran Espíritu.

Las cabañas de los alii de alta cuna son maravillosas y primorosamente decoradas; se llaman palacios. Las altas cabañas que están erigidas en nombre de Dios son incluso más espléndidas y más altas que las montañas de Tofua2. Pero a pesar de todo esto son toscas y mal hechas, y carecen de la sangre de la vida, si las comparas con una flor de hibisco con sus encendidos pé talos rojos, o las comparas a la copa de una palmera o a un arrecife de coral, selva borracha de color y forma. El Papalagi nunca triunfó tejiendo sus ropas delicadamente como Dios hace a cada araña tejer su tela, y no hay máquina tan complicada como la diminuta hormiga de arena que habita en nuestras cabañas.


Os he dicho que los Papalagi vuelan sobre las nubes como pájaros. Pero las gaviotas vuelan aún más alto y más rápido que el hombre, y pueden también volar en una tormenta y tienen alas que nacen de sus cuerpos, mientras que las alas de los Papalagi son simplemente artificiales y se rompen y caen fácilmente.

Por eso todos sus milagros tienen una débil mancha en alguna parte y no existe una simple máquina que no necesite un cuidador o un conductor. Y todas ellas llevan una oculta maldición en su interior: una máquina puede hacer toda clase de cosas con sus fuertes manos, pero durante su tarea devora todo el amor que está presente en las cosas que hacemos con las nuestras. ¿Qué me importa una canoa que está fabricada para mí por una máquina, una fría máquina sin vida, que no es capaz de hablar sobre su producto, que no sonríe cuando el producto está acabado y que no puede llevar ese producto hasta su padre o su madre para que lo admiren? ¿Sería capaz de amar a mi canoa como ahora la amo, si una máquina pudiera hacerme otra en cualquier momento, sin mi intervención? Ésta es la gran maldición de la máquina: los Papalagi no aman ya nada porque la máquina puede hacerles algo nuevo en cualquier momento. Tienen que alimen tarla con la sangre de su propia vida para recibir a cambio sus milagros sin corazón.


El Gran Espíritu quiere extender y difundir los poderes del cielo y la tierra, él mismo a su propia discreción. Ningún humano tiene derecho a hacer eso. Un hombre no puede esperar transformarse en pez o en pájaro, en caballo o en oruga, sin castigo. Sus ganancias son mucho más pequeñas de lo que él mismo se atrave a confesar. Cuando camino puedo ver todo mejor y mis amigos me invitan al interior de sus cabañas. Alcanzar tu destino con rapidez es rara vez un beneficio real. Los Papalagi siempre quieren llegar al destino de sus viajes rápidamente. La mayoría de sus máquinas no tienen otro propósito que el rápido transporte de la gente. Pero cuando llegan al final de su viaje quieren inmediatamente seguir con otro. De esta forma los Papalagi corren agitadamente por la vida, perdiendo cada vez más la habilidad de caminar y correr, sin atrapar nunca sus destinos; el destino que viene a nosotros sin nosotros ir a buscarlo.

Por consiguiente os digo que la máquina no es más que un bonito juguete en manos de los grandes niños blancos y sus mañas no deben asustarnos. Los Papalagi no han inventado aún la máquina que les proteja de la muerte. Nunca hicieron o fabricaron algo que fuera más grande que las cosas que Dios fabrica o hace a cada hora. Ninguna máquina o magia ha alargado nunca la vida humana, o la ha hecho más feliz y más dichosa. Por eso atengámonos a los trabajos y prodigios de Dios, y despreciemos al hombre blanco que quiere jugar a ser él mismo Dios.

(1) Aunque Papalagi significa hombre blanco extranjero, literalmente quiere decir quebrantador de los cielos. El primer hombre blanco que desembarcó en Samoa llegó en una embarcación a vela. Los nativos que le vieron aproximarse, pensaron que había una grieta en el cielo por la que el hombre blanco llegaba hasta ellos. Él rompió los cielos. En la mitología de los Maorís de Nueva Zelanda, los Papalagi son los de piel blanca que bajaron de los cielos en brillantes vehículos blancos.

(2) Gran montaña de la isla Upolu.