
Si padeciste de niño una infeccción de oído, ya tienes excusa para estar gordo. Un estudio desarrollado por investigadores de la universidad de Florida, vincula aquellas con una propensión a ser un adulto obeso. La infección puede afectar a los nervios localizados en la lengua y que transitan por el oído medio, encargados de transmitir la sensación de cremosidad asociada a las comidas grasas. Esas que hasta cierto punto resultan apetecibles, pero en que exceso sacian... salvo, claro, que tu cerebro no "oiga" las señales nerviosas.
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